Los gatos tienen fama de ser misteriosos, independientes y, a veces, un poco incomprendidos. A diferencia de los perros, que son libros abiertos, descifrar qué pasa por la cabeza de un felino puede parecer todo un reto. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a revelar los secretos del cerebro felino, y los resultados son verdaderamente asombrosos.

Físicamente, el cerebro de un gato ocupa apenas el 0.9% de su masa corporal (comparado con el 2% en los humanos). Pero que su tamaño no te engañe: la mente felina es una de las máquinas de procesamiento más eficientes y veloces del reino animal.

Tienen más "potencia de procesamiento" que los perros

Existe un debate eterno sobre quién es más inteligente, si los perros o los gatos. Si miramos la corteza cerebral —la zona responsable del pensamiento racional, la toma de decisiones, la memoria y la resolución de problemas— los gatos ganan un round importante.

  • El cerebro de un gato contiene aproximadamente 300 millones de neuronas en la corteza cerebral, mientras que el de los perros tiene alrededor de 160 millones.

  • Esto significa que, a nivel de "computación pura", el cerebro de un gato tiene casi el doble de capacidad de procesamiento de datos para analizar su entorno inmediato.

Una memoria a corto plazo impecable

¿Te da la impresión de que tu gato nunca olvida dónde guardas sus premios o qué humano le cae mal? Tienes toda la razón.

Los estudios demuestran que la memoria a corto plazo de los gatos es excepcionalmente buena. Pueden recordar la ubicación de objetos, obstáculos o fuentes de comida hasta por 16 horas, superando por mucho a los perros en ciertas tareas de memoria visual y espacial. Su cerebro está diseñado para recordar mapas exactos de su territorio para poder cazar y protegerse con éxito.

Emociones conectadas: El mismo mapa cerebral que los humanos

Si alguna vez alguien te dice que los gatos son fríos y no tienen sentimientos, puedes desmentirlo con ciencia. El sistema límbico (la parte del cerebro que regula las emociones) de un gato es prácticamente idéntico al de un ser humano.

Los gatos experimentan felicidad, tristeza, miedo, ira, celos y un profundo apego. La diferencia radica en cómo expresan esas emociones. Mientras un perro salta y ladra, el cerebro de un gato procesa el afecto de forma más sutil: un parpadeo lento (que libera endorfinas y demuestra confianza absoluta), un suave cabezazo o el famoso ronroneo.

El lóbulo occipital: Diseñado para el cazador perfecto

Gran parte del cerebro del gato está dedicada a procesar la información de sus sentidos, especialmente la vista y el oído. El lóbulo occipital (la central visual del cerebro) trabaja a una velocidad increíble.

El cerebro de un gato no se detiene a ver los detalles de los colores (tienen una visión cromática limitada), sino que está ultraespecializado en detectar el más mínimo movimiento en la oscuridad. Su cerebro puede procesar imágenes a una velocidad mucho más rápida que el nuestro; por eso, para un gato, una pantalla de televisión humana a veces parece una serie de fotografías parpadeantes en cámara lenta.

El mito de que "no entienden" su nombre

A veces les hablas y actúan como si fueras invisible. ¿Realmente no te entienden? Científicos de la Universidad de Tokio demostraron mediante escáneres y observaciones que los gatos reconocen perfectamente la voz de sus dueños y distinguen su nombre de otras palabras cotidianas.

Cuando les llamas y solo mueven una oreja hacia ti, su cerebro ha procesado la información, te ha reconocido, pero su lóbulo frontal ha decidido que, en ese momento, no vale la pena gastar energía en levantarse. No es falta de inteligencia, ¡es pura autonomía cognitiva!

El cerebro del gato no evolucionó para complacernos ni para seguir órdenes en manada, sino para ser el depredador solitario perfecto y un observador astuto. Comprender su mente nos ayuda a dejar de juzgarlos bajo estándares humanos o caninos y empezar a admirarlos por lo que realmente son: pequeños genios domésticos.

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